No quiero tus falsos abrazos
ni cadenas en mi alma.
No quiero que cuando tenga frío
me tapes con falsas esperanzas.
No me asusta la nada
disfrazada de vanos sueños,
ni el manto negro
que apaga la luz del Lucero.
No quiero bosques
que ocultan los caminos,
ni tampoco desiertos
que ponen trampa a los ríos.
No quiero rosas con espinas
que provoquen más heridas,
ni palabras vacías,
ni manos que no caminan unidas.
Quiero ser el Lucero
en una noche estrellada
y ser la luz que brille en tu mirada.
Quiero ser el camino
donde tu pies descansan
y ser el desierto
por donde fluye tu agua.
Quiero ser la rosa
que cicatrice tu herida
y el latir de tu corazón
cuando se apague la llama.
Quiero que nuestras manos
caminen unidas
y ser la palabra
que viva en tu boca.
Quiero ser el Quijote
que luche contra tu silencio,
para dar vida a mi vida
como un molino de viento.


