jueves, 31 de diciembre de 2015

DOCE MOMENTOS, DOCE DESEOS

Ya quedan pocas horas para decir adiós a este año, y dar la bienvenida a uno nuevo.
Yo quiero despedirlo con doce momentos y doce deseos...son deseos para tod@s vosotr@s. Un deseo y un recuerdo por cada mes de este año que se marcha, pero también son propósitos para continuar y lograr durante el año que ya está llamando a nuestra puerta.

Gracias, gracias y mil gracias por formar parte de mi vida, por hacer que cada día sea un reto y un logro.
Gracias, gracias y mil gracias por esos abrazos que me habéis dado algunos en persona y otros (que también he sentido) a través de las redes.
Gracias, gracias y mil gracias por vuestras visitas a mi pequeño mundo llamado "Poesías y otras palabras", casi ya 33.000. Por vuestro ánimo para seguir escribiendo y compartir con vosotros sentimientos.

¡FELIZ NOCHEVIEJA Y PRÓSPERO AÑO NUEVO...!

























sábado, 19 de diciembre de 2015

EL ESPÍRITU DE LA NAVIDAD



Nunca antes he escrito nada al llegar estas fechas. Lo cierto es que me produce mucha tristeza; no sé muy bien por qué razón pero, lo cierto es que es así.
El caso,  es que es más pronunciado a medida que pasan los años.

Recuerdo que de niña, cuando vivíamos en Albóns, cada Navidad iba a buscar musgo (molsa en catalán) al campo y en la planta baja de la casa, montaba un pesebre.
Había una mesa grande y la ocupaba toda. Las figuritas eran muy pequeñitas porque entonces venían dentro de las bolsas de pipas, y poco a poco las fui consiguiendo.
Había  muchas figuritas repetidas,  pero eso me ayudaba a completar y llenar mejor mi pesebre de habitantes.
La mesa era lo suficientemente grande como para hacer un pesebre donde no le faltaba de nada, desde montañas, hasta un río con su puente, un corral con gallinas, vacas, ovejas y burros; también pastores  y lavanderas, y ollas que colocaba encima de unos tronquitos como si fuera un fuego. No podía faltar la nieve, así que lo conseguía con un poco de harina por encima de las montañas y salpicando los prados. El río lo hacía poniendo papel de aluminio...y un camino que conseguía poniendo arena y piedras a los lados como si fueran rocas.
También tenía palmeras y matorrales que yo misma creaba.
 Solía poner siempre uno de los Ángeles sobre una de las palmeras y los pastores alrededor. Tampoco faltaban los Reyes Magos, que cada día, solía mover como si realmente fueran caminando hasta llegar al pesebre donde se encontraba la Virgen María, San José y el Niño Jesús rodeados de el burro, el buey y pastores con sus ovejitas adorándolo.
Colocando luces en lugares estratégicos conseguía darle ese punto mágico que tiene un pesebre. Por supuesto las luces no podían faltar alumbrando al Niño Jesús o al Ángel que anunciaba su llegada a los pastores, ni al río, ni tampoco debajo de la olla como si fuera el fuego.
 Además,  las luces eran de colores por lo que me la tenía que ingeniar para que cada lugar tuviera su color...el azul del río o el rojo del fuego.

¡Era precioso!  hasta el punto, que cerraba los ojos y me metía dentro de aquel pesebre...me volvía pequeñita.
 De pronto, me encontraba jugando con las ovejitas y paseando por entre sus casas y los prados, junto a los habitantes de aquel lugar mágico.  Y atravesaba el puente hasta llegar al lado de las lavanderas y escuchaba sus conversaciones.

Me pasaba horas dando vida a todas aquellas figuritas.
Imagino que ese,  era el espíritu de la Navidad...entonces tenía entre 10 y 13 años.

Lo malo,es que no recuerdo en qué año lo perdí.

¡Mis mejores deseos para tod@s...Felices Fiestas!