miércoles, 27 de noviembre de 2013

UNA PUERTA AL FINAL DEL PASILLO III




Martes 9 de febrero de 2010

Cuando recibí la llamada de mi ginecóloga sólo habían pasado seis días desde que me practicaron el PAAF...
- Teresa, ya han llegado los análisis, y piden una biopsia para estar más seguros...pero tranquila porque han dicho que no hay nada cancerígeno.
Yo me preocupé...¿Una biopsia porque no estaban seguros...?
Fui a buscar los resultados a su consulta pero, yo estaba muy, muy nerviosa;
Ella me había dicho que era por precaución y que fuera a mi médico de cabecera y que él me enviase al hospital.
En el informe ponía "preferente" sólo porque así serían rápidos en hacerme la biopsia y así me libraría de nervios y dudas cuanto antes.

Me di cuenta que estábamos a martes y recordé que mi médico solía tener consulta los martes por la tarde.
Me dirigí hacia el centro de salud con los análisis en la mano.
-Hola, buenas tardes ¿el Doctor visita ahora verdad? - pregunté nerviosa.
- Si, pero está completo - me respondió una de las trabajadoras sin preguntar cual era el motivo.
Yo, acababa de decirle a la ginecóloga que si no me daban la visita, pasaría por urgencias.
-Mira, -dije temblando e intentando reprimir las lágrimas, al mismo tiempo que ponía sobre el mostrador los análisis que me acababa de dar la ginecóloga- enseña esto al doctor y verás como me visita.
La chica miró el folio sin demasiada atención, y mirando a la pantalla del ordenador dijo que no me podía dar hora para ese mismo día, y me devolvió la hoja; yo le di mi tarjeta sanitaria y entonces pude ver en su cara una sonrisa al mismo tiempo que me decía que no me daba visita hasta el día 17.
Sentí una gran impotencia...fue tan grande, que ya no pude contener las lágrimas...me derrumbe, me vine abajo...¡noté tanta insensibilidad...!
Y con lágrimas en mis ojos y temblando le dije:
-¡Pues para urgencias!
-Espere en la puerta 5, ya la llamarán -me dijo.
Me senté en una de aquellas sillas...no podía parar de llorar y de temblar,
Y toda aquella tensión fue en aumento al ver que la atención que recibí fue mínima.
A los pocos minutos una enfermera me llamó a la consulta y cuando entré pude ver que era la misma chica que estaba detrás de la que me atendió.
Le expliqué lo que me pasaba al mismo tiempo que le entregaba los resultados y la petición para la biopsia.
-¿Para cuándo te daba la visita? - preguntó.
- No sé, para la semana que viene, o que se yo - le dije.
-¡Madre mía, pero si esto es para el doctor de cabecera! -dijo.
-¡Mire, yo no puedo esperar...!
-Tranquila, espere un momento que voy a hablar con el doctor.
Al momento volvió y dijo:
- Mire, el doctor Ha dicho que espere fuera que ya la atenderá.
-¡Gracias...muchas gracias - le dije.
-Tranquilicese ya verá como no será nada.
-Sí, pero no es fácil.
-Ya lo imagino, sólo era por si le sirve de consuelo -dijo, y se marchó.

La verdad es que sus breves palabras me aliviaron mucho, me calmaron y dejé de llorar. A los pocos minutos salió de la consulta una señora y detrás de ella el doctor para hacer entrar a la siguiente paciente y mirándome dijo:
- Hola Teresa, cuando salgan estas señoras entras tú.
- Bien gracias - le dije.
No tuve que esperar mucho cuando la puerta se abrió y el doctor me pidió que entrara. Le pasé el informe de la ginecóloga y le expliqué todo el proceso ( como me había encontrado el bulto y todo lo que me hicieron) y puedo ver como pedían una biopsia para estar seguros de que aquel bulto no era cancerígeno;
Me tranquilizó y dijo que el no podía hacer más que enviarlo al hospital y para que fueran más rápido  escribió que era muy urgente, y me dijo:
- Lo enviaré al hospital y otro a la ginecóloga que visita aquí, para que a través de ella te la hagan rápido, pero si en pocos días no te han dicho nada, vuelves a venir y entonces ya veremos que hacer...lo haremos por otros medios.
Ya sé que lo que te diga es algo difícil de llevar a cabo pero, si te sirve de ayuda busca la manera de tranquilizarte porque seguramente que no será más que un bulto de grasa.
- Eso intento, pero es muy difícil la doctora me preguntó si me había dado un golpe en el pecho, porque también podría ser un coágulo de sangre...buffff! La verdad es que ojalá y sea eso y nada más - le dije.
- Dime algo por favor - me dijo- me gustaría saber que te dicen y que todo está bien.

Salí de allí con las esperanzas puestas, apenas conocía a aquel médico, porque me había visitado muy pocas veces, pero sí sabía que era un buen médico y muy querido por todos sus pacientes.
En aquellos momentos no podía imaginar que mi lucha acababa de empezar, y que esta era la batalla más grande que la vida había impuesto ante mi.

2 comentarios:

  1. Ay, leerte es muy emotivo, pero te comprendo, más de lo que pueda decirte...
    Dice el Dalai Lama: que para no ser arrancado de cuajo por una tormenta el árbol, cuenta casi exclusivamente con sus raíces.Si ellas son fuertes y están bien hundidas en la tierra, el árbol tolerará sin problemas los embates del viento más fuerte. Pero cuidado, advierte el Lama, el árbol no puede pretender empezar a echar raíces cuando la tormenta ya esté en el horizonte."
    Te cuento esto, porque según voy leyéndote, a pesar del miedo, se te nota que eres fuerte, que tú, hace tiempo arraigaste tus raíces a buen fondo, y de cierta forma, te estabas preparando para esta tormenta... Esto lo pienso así, por el comentario que me hiciste, sobre aquello tan malo que viviste dos años antes de tu enfermedad, quizá te preparó, como bien dijiste, te afianzó en tus raíces... Como suele decirse, "no hay mal que por bien no venga", y es que a veces, esa es la forma (aunque dura), de prepararnos para lo siguiente.
    Un abrazo, Maite.

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  2. Hay amiga Clarisa, cuanta razón tienes y que sabias las palabras del Dalai Lama...
    Realmente tengo que agradecer todo lo que la vida me ha dado, aunque la mayoría de las veces ha sido muy dura conmigo...pero, me ha enseñado a comprender que es necesario el dolor para aprender de ella y valorar lo que te ofrece.
    Y es cierto...cuando aceptas y lo asumes con resignación valoras muchísimo esta vida, por muy dura que sea. Me siento feliz y también siento cada día que pasa mis raíces mucho más fuertes...miro hacia atrás y me doy cuenta que tanto sufrimiento no era en vano...y es curioso, pero me siento capaz de escalar la montaña más grande del mundo...¡Me siento libre...simplemente libre...!
    Es como si al abrir los brazos, pudiera abrazar al mundo entero...!!
    Un abrazo grande también para ti, Clarisa.

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